casualidades de la vida en la universidad, estas últimas semanas me he encontrado envuelto en diversas discusiones acerca de la organización de las autorías en publicaciones. éste es un tema clave, sobre todo cuando en un entorno competitivo se han de encontrar las mejores estrategias que permitan capitalizar las aportaciones individuales a partir de un trabajo en colaboración. soy de los que creen que la colaboración enriquece al resultado creando algo más que la suma de las partes, pero soy muy consciente de los problemas logísticos que su organización exige
es común, y obviaremos ahora las desagradables situaciones donde las “obligaciones” atentan inmoralmente contra el correcto orden de los acontecimientos, que se decidan dos tipos de atribución de autoría fundamentalmente. si bien es comúnmente aceptado el principio de ordinalidad por el que el orden, al menos en las primeras posiciones, debe ser reflejo de la implicación efectiva en el trabajo publicado, otras tantas se suele dar por sentado que ante la dificultad de establecer las dedicaciones relativas de una manera objetiva o consensuada (siempre hay alguien que sospecha haber trabajado más o incluso mejor), se impone el compromiso por un sistema más “aséptico”: el orden alfabético.
sin embargo, en lo que toca a mi (corta) experiencia, éstas nunca suelen ser las mejores soluciones. por lo menos a mí nunca me han convencido personalmente. el uso de un criterio alfabético no hace más que irracional la desigualdad en el tratamiento (el orden, no olvidemos, es algo tiene importantes implicaciones para rentabilizar en el currículum el trabajo investigador), produciendo en realidad una mala solución a la dificultad en la atribución relativa del crédito. la clave, al contrario, se encontraría en invertir el proceso apostando claramente por una concienzuda planificación del trabajo. ¿por qué mal gastar esfuerzos en distribuir el crédito a partir de los resultados pudiendo distribuir el trabajo a priori de acuerdo a unos órdenes de implicación acordados?
a veces, en la joven e inexperta ciencia social, el sentido común no lo es tanto, y no siempre es fácil no caer en dinámicas extrañas únicamente orientadas a los compromisos. ciertamente los tenemos, pero nunca deben hacernos olvidar (y no sólo a los investigadores jóvenes, sino a los más senior que deben velar por la estabilidad interna de su equipo) la importancia de las cosas bien hechas para evitar conflictos. sirva esta excusa para proponer la estrategia que hasta ahora mejores resultados me ha dado:
- autor principal (primer autor): responsable último del trabajo, no necesariamente de la etapa de trabajo de campo o generación de datos. saber qué escribir, orientar el enfoque y establecer de puente entre el equipo de investigación y el comité editorial de la revista son sus atribuciones fundamentales. en un entorno de publicación ágil, el primer autor suele ser una posición rotatoria, donde la imposibilidad del investigador principal por liderar además todas las publicaciones que se derivan del trabajo del equipo puede abrir un espacio a la innovación y el ensayo del liderazgo por investigadores más noveles que se encuentran inmersos en el desarrollo de su campo de especialización.
- pelotón medio (segundo y tercer autores): colaboradores puntuales, aportadores de los datos o de la metodología para el análisis o de un conocimiento revulsivo para el enfoque del trabajo. en esta cola media, donde puede intervenir algún autor más dependiendo del tamaño del equipo de trabajo, las atribuciones fundamentales giran en torno a la discusión de los planteamientos o de los resultados, manteniendo el primer autor la responsabilidad de tomar la última decisión de cara a la publicación que se tiene por objetivo. el cuerpo medio propone, y el autor principal dispone.
- cola estelar (cuarto y siguientes hasta el final): no siempre presente, aunque inconfundible en el quehacer diario de muchas investigaciones. los trabajos con muchos autores no son siempre los más fáciles de manejar, pero suele ser indispensable que esta segunda estela de autores asuma claramente un papel secundario. volviendo al tema de los compromisos, es común que los investigadores más senior o responsables ultimos del equipo investigador (o del trabajo de campo, pero no necesariamente de la publicación que tenemos entre manos) “deban” constar en trabajos donde su implicación seguramente no lo aconsejaría
el nombre de la cola, estelar, nos da una pista de por donde suelen ir los tiros, pero un acuerdo de mínimos exige que al menos en este caso, acepten no traspasar el límite de la capacidad decisoria de la jerarquía de colaboradores.
repartamos las responsablidades a priori, que es como mejor se organizan las cosas, y evitemos los desagradables desencuentros que determinadas decisiones solamónicas pueden acabar imponiendo
la investigación es cosa de equipos, pero tan justo es participar como recibir el crédito correspondiente por el esfuerzo y la dedicación. porque como decía un anuncio de un coche que muchos recordarán: listas hay muchas, pero lo que todas tienen en común es que siempre hay un primero, y luego vienen todos los demás. ¿te gusta conducir investigar?
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