es curiosa la mala prensa que tienen las normas. sin embargo, y aún a riesgo de resultar impopular, me declaro abiertamente amigo. sin normas, el mundo que conocemos no lo sería. y no hablo en un sentido formal, como lo son las leyes o los códigos de recto comportamiento. hablo de la base de cualquier intercambio humano, cualquiera de las infinitas interacciones que vertebran nuestro día a día. más que sistemas de restricción, en este sentido, nuestras normas son las leyes no escritas que nos permiten desenvolvernos con éxito en nuestros encuentros (sociales).

con esta excusa quería comentar brevemente una foto que tiene mucho más de interesante que de poético. una foto que recuerda el caráter mundano, el componente básico para la colaboración y la acción conjunta, que las normas suponen para nuestro universo simbólico.

dagen högertrafik, el día en que suecia decidió conducir por la derecha

esto es suecia, concretamente las 5 am del domingo 3 de septiembre de 1967: dagen högertrafik, día de la conducción por la derecha.

el proyecto colectivo wikipedia dixit:
in 1955 a referendum was held on the issue, resulting in an 82.9%-to-15.5% vote against a change to driving on the right. nevertheless, in 1963 the swedish parliament passed legislation ordering the switch to right-hand traffic. the changeover took place at 5am on sunday, september 3, 1967, which was known in swedish as dagen h (h-day), the ‘h’ being for högertrafik or right-hand traffic.

un día en el que, ateniéndonos a las explicaciones individuales, se dio una de las raras ocasiones en las que podemos ver no sólo el cambio de una norma social, sino cómo este cambio en un acuerdo colectivo nos afecta de una manera tan personal. de hecho, tomando la imagen como metáfora de un escenario que cambia su decoración entre actos, congelamos el breve instante de caos donde la nueva norma comienza a ser compartida (de una manera muy europea y eficiente en su planificación, por cierto, pero no exenta de tensión ante el cambio) para renovar el consenso vigente y establecer un nuevo marco de juego. un nuevo escenario para nuestra gran obra colectiva que es la vida cotidiana.

las normas, querría concluir, están al servicio de las personas. como en el momento mismo de cambio capturado por la instantánea que nos sirve hoy de excusa, pero también antes y después de la modificación de su contenido. al servicio de la colaboración y de la acción colectiva, sirviendo de liezo para crear nuestro propio entramado vital a partir de pequeñas guías socialmente construídas. he aquí, el verdadero interés por las normas y su influencia en el comportamiento, tanto individual como su suma en forma colectiva.

por esta razón, casualidades de la vida intelectual, siempre me he declarado social en la explicación del comportamiento. algo lejano de la intención (y la escasa habilidad) de algunos estudiosos por predecir con exactitud el comportamiento humano atendiendo preferentemente (aquí la gracia de los eclécticos, que se quedan tan tranquilos aceptando efectos que no pueden explicar pero de manera que se convierten en inocuos o de escaso alcance con respecto a sus hipótesis) a las explicaciones internas, idiosincráticas, individuales, … la psicología humana dicen. y sin embargo, lejos de los motivos íntimos y personales que seguramente te han hecho creer que motivan tu comportamiento, mañana hacia las dos del mediodía estarás comiendo. al igual que yo, y que una gran parte de las personas que ambos conocemos, pero nadie nos obligará a hacerlo.

en suecia conducir por la izquierda no sólo pasa a ser una infracción de una norma escrita por la sociedad civil, sino que lo es precisamente por su función social: porque nos permite hacer un uso colectivo de los recursos comunes de acuerdo a nuestros intereses particulares. en un sentido muy similar al que podremos contemplar mañana mismo a las dos cuando tengamos hambre. algo tan personal que difícilmente aceptaríamos que proviene de una norma social pero que sin embargo hará que con una alta probabilidad no estemos haciendo otra cosa que estar sentados a la mesa para responder, en una horquilla no muy amplia de tiempo, a una sensación fisiológica personal socialmente organizada.