en el estudio de la desigualdad digital es bastante frecuente encontrarse con discursos (poco elaborados a mi entender) que asumen una posición determinista (positiva, pero determinista) en lo referente a “los poderes de la tecnología”. por arte de magia, casi siempre desde una perspectiva completamente equivocada que defiende (y presupone) la existencia de una divisoria digital que delimita claramente los que están dentro y los que están fuera de la sociedad de la información (la famosa digital divide), tener un ordenador o un teléfono significa tener mejores posibilidades para la inclusión en la vida cotidiana en comunidad.

sin embargo, este razonamiento no deja de ser un axioma, y lo vemos claramente cuando nos enfrentamos a los significados, las apropiaciones, los sentidos y las intenciones de los usos de la tecnología. como casi todo en esta vida, los instrumentos no tienen finalidades intrínsecas, y en el mundillo del hype tecnológico no siempre es fácil incluso transmitirlo. la pregunta, entonces, no es qué pasa con los que no tienen acceso a un ordenador o a un teléfono, sino qué hacen los que los tienen, para qué los utilizan. ésta es la pregunta a la que nos acercamos hoy a partir de la experiencia de un colectivo muy determinado.

digital inclusion without social inclusion: the consumption of information and communication technologies (icts) within homeless subculture in scotland, es un estudio bastante interesante que acaba de salir publicado en el último número del journal of community informatics. una revista joven, en formato html y bien abierta para el consumo público, donde además se van tocando algunos temas interesantes que invitan a la reflexión como el que querría acercarme hoy: los usos de la tecnología por parte de los sin techo, aquellos que han decidido apostar por una cultura de vida radicalmente heterodoxa. ¿dejarán la vida que llevan al ser tocados por la misteriosa varita de la tecnología? yo diría que no, pero no nos adelantemos ;-)

claire bure dixit:
this pilot study examined how homeless people in central scotland integrate and appropriate mobile phones and the internet into their everyday lives, and the meanings these information and communication technologies (icts) come to hold for them. it was found that ‘digital inclusion’ does not necessarily lead to ‘social inclusion’ into mainstream society, since homeless individuals tend to use icts in ways that reinforce the patterns and practices of their subculture. there is no standard way of making use of technologies. many homeless people thereby remain socially excluded in numerous ways despite their somewhat regular use of icts. it also emerged that mobile uptake can actually be more ‘inclusive’ than internet uptake.

y es que el artículo no es muy sorprendente para los que defendemos la necesidad de no tener supuestos en el estudio del complejo entramado tecnología-sociedad, y mucho más si son deterministas. no son el ordenador, internet o el móvil los que determinan lo que hacemos, sino, valga la insistencia, los actores los que deciden de acuerdo a sus fines hacer uso de los diversos instrumentos disponibles gracias a la evolución de la cultura. como en este caso, tal y como nos muestra bure a partir de la descripción de los usos de los nuevos medios de comunicación a lo largo de una serie de entrevistas profundas orientadas a la reflexión de los entrevistados.

son los valores, las intenciones, los deseos, y la capacidad de apoyarlos en dispositivos tecnológicos que por ende resultan culturales, los que determinan la cristalización final de su uso, la percepción de utilidad que puedan generar y por tanto su incorporación significativa en la vida cotidiana. entenderlo de otra manera sería aceptar una paradoja, una sorpresa, algo a explicar para intentar seguir manteniendo contra viento y marea que la tecnología nos impacta de manera externa delimitando nuestros comportamientos. la tecnología, más bien al contrario, es parte de la sociedad, y como tal no sólo tiene una construcción social, sino que es fruto de proceso de apropiación (una domesticación nos gusta decir) que convierte a los pequeños ingenios comunicativos que nos rodean en significativos para nuestra vida cotidiana, incluídos aquellos que han decidido hacer de la exclusión una forma de vida.